sábado, noviembre 11, 2006

los hermanos Korioto


Una vuelta me encontré con los hermanos Korioto a la salida de una boca de metro, venían en sus clásicos scooters, uno blanco y el otro rojo, en honor a los colores del pabellón nacional, los pibes eran muy patriotas. La explicación de este hecho es que el abuelo había sido un piloto kamikaze en la segunda guerra mundial y ellos sentían una gran admiración por ese personaje familiar.
Se trataba de Akeldo Lobu, un tipo muy conocido dentro de la fuerza área japonesa. Había hecho su fama a raíz de su mala suerte, que ya en 1943 era legendaria, pero alcanzó su momento cumbre cuando Akeldo se estrelló en su avión poco antes de llegar a Pearl Harbor, al chocar contra una gaviota.
Akeldo venia con el cockpit abierto, ventilándolo, ya que minutos antes su organismo había despedido unos gases que hacian irrespirable el aire en el reducido espacio de la cabina. En esos momentos la inocente gaviota impacto contra su cabeza provocándole la inmediata pérdida de conciencia, con las consecuencias fatales que ya conocemos, para el piloto y el ave.
Pero este incidente no empaño en nada la categoría de mártir a la que fue elevado Akeldo y su legado de amor por la patria aún se mantenía orgullosamente vigente en su familia.

Los pibes me vinieron a encarar porque uno de ellos andaba con una tos bastante fea y como sabían que había estado con síntomas similares poco tiempo atrás, querían saber que tratamiento les podía recomendar.
Me hice el oso y les dije que no tenia ni idea y que nunca había tenido una tos así, por algunos días pensé que estaba a punto de desencadenar una epidemia de aftosa entre los japoneses, pero el pibe dejo de fumar los 2 paquetes diarios de Monárquicos sin filtro y al poco tiempo se recuperó, lo que fue un alivio para mi.

Los Korioto tenían fama de ser tipos jodidos, su aspecto era un tanto intimidante, contribuía a acentuar esta percepción su peinado, consecuencia de andar permanentemente en moto y sin casco.
Vivian en el barrio Cuarenta Centurias, uno de los más peligrosos de Tokio. Además, el comentario generalizado era que estos tipos mentían sobre su edad y tenían documentos falsificados, que les permitían jugar en categorías infantiles inferiores a las que verdaderamente les correspondían.
Gracias a esta ventaja hacían la diferencia en materia física, su fuerza y resistencia eran notoriamente superiores, y al estar bien dotados técnicamente les permitía destacarse y ser figuras del fútbol infantil, con los ingresos y prestigio que ello genera.
Las patillas de estos tipos era un indicio inequívoco que tendía a verificar la hipótesis de su mayoría de edad, que más tarde efectivamente se comprobaría. Sucedió cuando los hermanos navegaban en un lancha rápida en pleno Mar de Japón, y fueron detenidos por la armada nipona, que les encauto un voluminoso cargamento de opio que traían desde China.
Cuando fueron procesados quedo en evidencia que los narcotraficantes tenían 22 años, también fueron procesados por falsificación de documentación, ya que los petisos se hacían pasar por pibes de 12 años. Por la droga les dieron 9 meses, pero por las cédulas falsas se comieron 15 años.
Con esto me quedo muy claro que si hay algo que no toleran los japoneses, es la mentira….

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